La muerte es lo único seguro que tenemos los seres humanos; lo único que desconocemos es el día y la hora en que llegará. Sin embargo, si las personas mantuvieran presente a la muerte en su vida diaria, vivirían con mayor plenitud, apreciando cada instante como único y valioso.
En la cultura occidental, la
muerte suele percibirse como algo catastrófico, como una tragedia o un final
absoluto. Sin embargo, la muerte es una parte esencial del ciclo de la vida. Es
un proceso natural que, al igual que el nacimiento y el crecimiento, llega
inevitablemente a todos. Desde temprana edad, los niños deberían ser guiados a
comprender la muerte no como algo temible, sino como un evento inherente a
nuestra existencia. Explicarles que la muerte es el cierre de una etapa y el
inicio de algo nuevo puede ayudarlos a aceptarla con mayor serenidad.
La vida en la Tierra es un
aprendizaje, y nuestro cuerpo es un vehículo prestado que nos permite cumplir
nuestro propósito. Cuando nuestro tiempo llega a su fin, debemos entregarlo,
trascender y continuar nuestro viaje hacia la luz. La muerte no es el final
definitivo; es el fin de una etapa y el comienzo de otra.
Cuando perdemos a alguien que
amamos, el dolor es natural, pero también podemos encontrar consuelo al
reconocer que esa persona ha cumplido su misión en este plano y ahora continúa
su existencia en otro espacio-tiempo. Alegrarnos por su trascendencia y honrar
su memoria es una forma consciente de afrontar esta experiencia. La muerte no es injusta ni cruel; simplemente es.
La muerte también nos enseña a
valorar lo que tenemos y a quienes nos rodean. Con frecuencia no apreciamos a
las personas hasta que ya no están, y solo entonces entendemos lo valiosas que
eran en nuestras vidas. Este recordatorio constante de lo efímero nos invita a
vivir plenamente, a atesorar cada momento y a expresar nuestro amor sin
reservas.
Aprecia y atesora cada instante
como si fuera el último. Abraza a tus seres queridos, agradece por lo que
tienes y vive desde la consciencia de que cada día es un regalo único. Así,
cuando llegue el momento de partir, podrás hacerlo en paz, sabiendo que has
vivido con propósito y plenitud. Sé dueño de tu mente, vive con dignidad y, cuando llegue el momento, entrégate a la muerte con la misma serenidad con la que viviste.
Todos somos pasajeros en este
viaje, somos seres de luz viviendo una experiencia humana, hora tu realidad. Recuerda
que morirás. Vívelo no como una amenaza, sino como una brújula para una vida
bien vivida.
Por Urania Morales Franky
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