Un regalo para mis hijos y para la
humanidad
Hay enseñanzas que nacen de los
libros, de las experiencias o de las palabras de otros. Y hay otras que nacen
de la propia vida.
Esta reflexión nace de mi caminar, de
mis aprendizajes, de mis aciertos y también de mis errores. Nace del amor que
siento por mis hijos, mi esposo y del deseo de dejarles algo que puedan recordar cuando
algún día no sepan cómo actuar, cuando tengan que tomar una decisión o cuando
la vida les presente un momento difícil.
Quiero dejarles una idea sencilla,
pero profundamente significativa:
Siempre podemos elegir.
Podemos detenernos, mirar hacia
nuestro interior y preguntarnos:
¿Qué camino quiero elegir?
Y cuando no sepamos qué hacer, cuando
sintamos confusión, enojo, miedo o tristeza, podemos recordar algo que siempre
está dentro de nosotros:
La luz: Dos caminos que se presentan ante nosotros:
A lo largo de la vida encontramos
innumerables decisiones.
Algunas parecen pequeñas: cómo
responderle a alguien, si pedir perdón, si decir la verdad, si escuchar o
reaccionar.
Otras pueden sentirse mucho más
grandes: qué camino tomar, qué relación construir, qué decisión asumir, qué
hacer cuando algo no sale como esperábamos.
Y, aunque las circunstancias cambien,
muchas veces nos encontramos frente a una elección interior:
¿Desde dónde quiero actuar?
Podemos elegir desde la luz o desde
aquello que nos desconecta de ella.
Elegir la luz no significa creer que
somos perfectos.
Tampoco significa que nunca vamos a
sentir rabia, miedo, tristeza, frustración o dolor.
Somos seres humanos.
Vamos a equivocarnos. Vamos a tener
días difíciles. Vamos a decir palabras que después quisiéramos no haber dicho.
Algunas veces reaccionaremos antes de pensar.
Pero incluso después de equivocarnos, seguimos
teniendo la posibilidad de elegir nuevamente.
Ahí está una de las mayores enseñanzas
de la vida:
un error no tiene que convertirse en
nuestra identidad.
Podemos reconocerlo.
Podemos pedir perdón.
Podemos reparar.
Podemos aprender.
Podemos cambiar.
Y podemos volver a elegir la luz.
Elegir la luz es volver a nosotros
mismos:
Para mí, elegir la luz es recordar
quiénes somos realmente.
Es recordar que dentro de nosotros
existe una conexión con algo mucho más grande que nuestro miedo, nuestro enojo
o nuestras circunstancias.
Es confiar en esa fuerza interior que
reconozco como la Magna Presencia YO SOY.
No como una idea para sentirnos
superiores a los demás, sino como una presencia divina que nos recuerda nuestra
esencia, nuestra responsabilidad y nuestra capacidad de actuar desde el amor.
Cuando elegimos la luz, comenzamos a
preguntarnos:
¿Estoy actuando desde el amor o desde
el enojo?
¿Estoy intentando comprender o
solamente quiero tener la razón?
¿Estoy asumiendo mi responsabilidad o
estoy buscando un culpable?
¿Mis palabras construyen o destruyen?
¿Estoy actuando de acuerdo con la
persona que quiero ser?
Estas preguntas pueden cambiar nuestra
manera de vivir.
Porque la luz no solamente se
encuentra en los grandes momentos espirituales.
La luz se elige en lo cotidiano.
La luz también se elige en la vida
cotidiana:
Elegimos la luz cuando nuestro hijo se
equivoca y, en lugar de humillarlo, buscamos enseñarle.
La elegimos cuando nuestra pareja
piensa diferente y decidimos escuchar antes de atacar.
La elegimos cuando en el trabajo algo
no sale como queríamos y, en lugar de culpar inmediatamente a alguien,
observamos qué podemos hacer nosotros.
La elegimos cuando cometemos un error
y tenemos la humildad de reconocerlo.
La elegimos cuando alguien nos lastima
y comprendemos que poner un límite también puede ser un acto de amor.
La elegimos cuando decimos no a
algo que no queremos, sin necesidad de herir a quien está frente a nosotros.
La elegimos cuando dejamos de
hablarnos con dureza y comenzamos a mirarnos con amor.
La elegimos cuando tenemos miedo y,
aun así, decidimos confiar.
La elegimos cuando tenemos una
dificultad económica y, en lugar de permitir que el miedo gobierne cada
pensamiento, buscamos nuevas posibilidades y actuamos con responsabilidad.
La elegimos cuando una relación
termina y comprendemos que soltar también puede ser una manera de respetarnos.
La elegimos cuando nadie nos está
mirando y aun así decidimos hacer lo correcto para nuestra conciencia.
Porque elegir la luz no siempre
significa escoger lo más fácil.
A veces significa escoger lo más
honesto.
A veces significa reconocer que nos
equivocamos.
A veces significa alejarnos.
A veces significa comenzar de nuevo.
Y muchas veces significa elegir el
amor sin dejar de elegirnos a nosotros mismos.
Cuando olvidamos nuestra propia luz:
También existen momentos en los que
olvidamos quiénes somos.
Nos sentimos desconectados.
Pensamos que todo está mal.
Sentimos que todo nos sucede a
nosotros.
Buscamos culpables.
Creemos que no podemos cambiar.
Nos juzgamos.
Nos rechazamos.
Y poco a poco comenzamos a mirar la
vida desde un lugar de miedo, frustración o impotencia.
Pero quiero recordar algo que para mí
es esencial:
La luz de Dios no desaparece porque,
por un momento, no sepamos verla.
La Magna Presencia YO SOY sigue
habitando en nosotros.
La conexión permanece.
Lo que puede cambiar es nuestra
capacidad de reconocerla.
Por eso, cuando atravesemos momentos
de oscuridad interior, no necesitamos castigarnos.
Podemos detenernos.
Respirar.
Observar.
Y recordar.
La luz sigue ahí.
El poder de cambiar está dentro de
nosotros:
Una de las cosas más importantes que
quiero enseñarles a mis hijos es que tienen poder sobre sus elecciones.
No podemos controlar todo lo que
ocurre en la vida.
No podemos decidir lo que otras
personas piensan.
No podemos evitar todas las
dificultades.
No podemos hacer que el mundo siempre
responda como esperamos.
Pero sí podemos preguntarnos:
¿Qué voy a hacer yo con lo que está
sucediendo?
Ahí comienza nuestra responsabilidad.
Responsabilidad no significa culparnos
por todo.
Significa reconocer qué parte nos
corresponde.
Significa aceptar nuestras decisiones
y aprender de ellas.
Significa dejar de entregar nuestro
poder interior cada vez que algo sale diferente a lo que esperábamos.
Porque siempre existe un espacio
dentro de nosotros desde donde podemos elegir nuevamente.
Y cuando comprendemos esto, dejamos de
vivir solamente reaccionando ante la vida.
Comenzamos a participar
conscientemente en ella.
Gracias por esta nueva oportunidad de
vida:
Cada mañana tenemos una nueva
oportunidad.
Antes de comenzar nuestro día, podemos
abrir los ojos y agradecer.
Dar gracias porque hoy tenemos la
oportunidad y la bendición de iniciar un hermoso día lleno de amor y luz.
Dar gracias porque podemos ver,
sentir, escuchar, respirar, aprender, amar, disfrutar y experimentar nuevamente
la vida.
Dar gracias por el amor inmenso que
podemos cultivar hacia nosotros mismos.
Dar gracias por tener fe en nosotros.
Dar gracias por confiar en esa fuerza
que vive dentro de nosotros y que reconozco como la Magna Presencia YO SOY,
nuestra brújula interior.
Dar gracias por esta nueva oportunidad
de vivir y de recordar quiénes somos realmente:
Hijos de la eterna Luz.
No necesitamos esperar a que todo sea
perfecto para agradecer.
Podemos agradecer simplemente porque
estamos aquí.
Porque tenemos una nueva oportunidad.
Porque podemos elegir nuevamente.
Un abrazo antes de comenzar el día:
Hay algo muy sencillo que podemos
hacer cada mañana.
Antes de correr hacia las
obligaciones, antes de mirar el teléfono, antes de permitir que el mundo nos
diga cómo debemos sentirnos…
podemos darnos un abrazo, Un abrazo
fuerte, Un abrazo sincero, Como diciéndonos:
Estoy aquí.
Me tengo.
Confío en mí.
Me amo.
Y mientras nos abrazamos, podemos
decir:
“YO SOY la Luz eterna que todo lo
puede, porque en mí habita la Magna Presencia YO SOY, mi guía, mi fuerza y mi
conexión con el amor divino.”
Y después podemos recordar:
Hoy elijo la luz.
Hoy elijo el amor.
Hoy elijo recordar quién soy.
Quizás parezca algo muy sencillo.
Pero muchas veces son precisamente las
cosas sencillas las que pueden acompañarnos en los momentos más importantes.
Honrar la Magna Presencia YO SOY:
Honrar la Magna Presencia YO SOY no
significa solamente repetir palabras bonitas.
Para mí, significa llevar esa
conciencia a nuestra manera de vivir.
Honrarla en nuestras palabras.
En nuestras decisiones.
En la manera como tratamos a los
demás.
En la manera como nos tratamos a
nosotros mismos.
En nuestra honestidad.
En nuestra responsabilidad.
En nuestra capacidad de reconocer
cuando nos equivocamos.
En nuestra disposición para reparar.
En nuestra voluntad de construir en
lugar de destruir.
Si decimos que somos luz, nuestras
acciones también pueden convertirse en una expresión de esa luz.
Porque aquello que verdaderamente
creemos comienza a reflejarse en la manera como vivimos.
Un regalo para mis hijos y para la
humanidad:
Esta enseñanza nació especialmente
pensando en mis hijos.
Quiero que algún día, cuando se
encuentren frente a una decisión y no sepan qué hacer, recuerden que dentro de
ellos existe una luz que puede ayudarles a mirar con mayor claridad.
No quiero enseñarles a tener miedo de
equivocarse.
Quiero enseñarles que pueden
equivocarse y aprender.
No quiero que crean que tienen que ser
perfectos.
Quiero que sepan que pueden ser
humanos, sentir, llorar, confundirse, pedir ayuda y comenzar otra vez.
Quiero que sepan que sus decisiones
importan.
Que sus palabras importan.
Que sus acciones tienen consecuencias.
Y que asumir responsabilidad no
disminuye su valor.
Al contrario.
La responsabilidad nos permite crecer.
Por eso, si algún día no saben cómo
actuar, quiero que recuerden aquella imagen y se hagan una pregunta:
¿Qué camino quiero elegir?
Y después, desde el corazón:
¿Este camino me acerca a la luz o me
aleja de ella?
No necesitan tener todas las
respuestas.
Solo necesitan detenerse, escuchar,
observar y elegir conscientemente.
Amados hijos y esposo, con quienes camino este camino de luz, consciencia, amor y presencia. Gracias por compartir conmigo esta hermosa experiencia de crecer, aprender, reconocernos y despertar juntos.
Si algún día la vida les presenta una
situación en la que no sepan cómo actuar, recuerden que dentro de ustedes
existe una luz.
No permitan que un momento de enojo
decida por ustedes.
No permitan que el miedo les haga
olvidar quiénes son.
No permitan que una equivocación les
haga creer que no pueden cambiar.
Deténganse.
Respiren.
Piensen.
Escuchen su corazón.
Y recuerden que siempre pueden elegir
nuevamente.
Sus decisiones importan.
Sus palabras importan.
Sus acciones importan.
Pero recuerden también algo muy
importante:
No tienen que ser perfectos para ser
amados.
Yo los amo por quienes son.
Y deseo que aprendan a amarse,
respetarse y confiar en ustedes mismos.
Que sepan que pueden pedir ayuda.
Que sepan que pueden decir “me
equivoqué”.
Que sepan que pueden pedir perdón.
Que sepan que pueden cambiar.
Y que, sin importar cuántas veces
tengan que comenzar nuevamente, siempre podrán regresar a la luz.
Ese es el regalo que quiero dejarles.
No una fórmula para vivir.
Sino una brújula para recordar.
Cuando no sepan qué camino elegir,
recuerden la luz.
Una elección que hacemos todos los
días:
Quizás la vida no nos pregunte todos
los días de una manera evidente qué camino queremos tomar.
Pero nuestras pequeñas decisiones van
construyendo nuestro camino.
Una palabra.
Una reacción.
Un pensamiento.
Una conversación.
Una decisión.
Una disculpa.
Un límite.
Un acto de amor.
Todo cuenta.
Por eso, elegir la luz no es una
decisión que hacemos una sola vez.
La elegimos una y otra vez.
Cada mañana.
Cada conversación.
Cada dificultad.
Cada relación.
Cada error.
Cada nuevo comienzo.
Y quizás eso sea parte de la belleza
de estar vivos:
siempre podemos elegir nuevamente.
Pregunta para el corazón:
Hoy quiero invitarte a hacerte una
pregunta sencilla:
¿Qué camino estoy eligiendo en este
momento de mi vida?
No desde el juicio.
No desde la culpa.
Desde el amor.
Observa tus pensamientos.
Observa tus palabras.
Observa tus decisiones.
Y pregúntate:
¿Estoy actuando desde el miedo o desde
el amor?
¿Estoy asumiendo mi responsabilidad o
estoy entregando mi poder a las circunstancias?
¿Estoy construyendo la vida que deseo
vivir?
Y, sobre todo:
¿Estoy recordando la luz que habita en
mí?
YO SOY:
YO SOY la Luz eterna.
YO SOY amor.
YO SOY conciencia.
YO SOY responsable de mis elecciones.
YO SOY capaz de cambiar.
YO SOY capaz de comenzar nuevamente.
YO SOY la presencia que recuerda el
camino de la luz.
YO SOY la Magna Presencia que habita
en mí.
Y hoy elijo:
La luz.
El amor.
La conciencia.
La responsabilidad.
Para ti, que estás leyendo:
Quizás hoy estés viviendo una
situación en la que no sabes qué camino tomar.
Quizás estés frente a una decisión.
Quizás hayas cometido un error.
Quizás estés atravesando una relación
difícil.
Quizás tengas miedo.
Quizás simplemente estés cansado de
sentir que no sabes qué hacer.
Quiero recordarte algo que también
sigo aprendiendo:
No necesitas tener toda la vida
resuelta para elegir la luz en este momento.
Solo necesitas comenzar por la
siguiente decisión.
Por la siguiente palabra.
Por la siguiente acción.
Puedes detenerte.
Puedes respirar.
Puedes escucharte.
Puedes pedir ayuda.
Puedes reconocer lo que te
corresponde.
Puedes soltar aquello que no te
pertenece.
Y puedes elegir nuevamente.
Porque dentro de ti existe una luz que
no necesita competir con nadie.
Una luz que no necesita demostrar que
es superior.
Una luz que simplemente puede ser
vivida.
Y cuando comenzamos a vivir desde
ella, nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con
la vida comienza a transformarse.
Antes de cerrar esta reflexión, quiero agradecer profundamente a mi Magna Presencia YO SOY, esa luz divina que habita en mí, que me acompaña, me guía y me recuerda una y otra vez quién soy realmente.
Agradezco por la oportunidad de estar
aquí, de seguir aprendiendo, de seguir creciendo y de poder compartir desde el
corazón aquello que la vida me ha permitido recordar.
Agradezco profundamente a mi amada familia por compartir conmigo esta hermosa experiencia de crecer, aprender, reconocernos y despertar juntos.,
porque a través de nuestro caminar juntos siempre me ayudan a mirar con amor el camino de la Luz eterna.
Y agradezco especialmente por mis
hijos, porque este mensaje también nace del deseo de
acompañarlos en su propio camino, respetando que cada uno tendrá que descubrir,
sentir y elegir por sí mismo.
Gracias, Magna Presencia YO SOY, por
enseñarme que la luz de Dios nunca falla.
Gracias por recordarme que incluso
cuando no sabemos qué hacer, siempre existe una oportunidad para detenernos,
mirar hacia dentro y elegir nuevamente.
Hoy, mañana y cada día que la vida me
regale, quiero recordar:
Elijo la luz.
Elijo el amor.
Elijo la conciencia.
Elijo hacerme responsable de quien
soy.
Y elijo caminar esta vida honrando la
presencia divina que habita en mí.
Porque, al final, quizás despertar
también sea esto:
recordar que la luz siempre estuvo
dentro de nosotros y que cada día tenemos la libertad de elegir vivir desde
ella.
La luz de Dios nunca falla.
Con todo mi amor, gratitud y luz.
Despertar Interior: Reflexiones para
una vida más consciente
Escúchalo con tu corazón abierto.
Urania Morales Franky